martes, 11 de febrero de 2014

¡Vamos a cazar un oso!





Hace pocos meses terminé de realizar en la UEMC un curso sobre selección de libros infantiles en las bibliotecas. Para evaluarlo nos exigieron realizar un trabajo sobre dos tipos de materiales que se pueden encontrar en la biblioteca infantil.
Por mi parte elegí un álbum ilustrado y un libro sobre aves. Hoy voy a subiros el trabajo de un sobre ¡Vamos a cazar un oso! Estamos ante un libro que suele gustar mucho a todos los peques. Cuando lo analizamos, entendemos que estos tienen un gusto refinado.

El género de esta obra no es difícil de especificar: es un álbum-libro. Es decir,  se encuadra dentro de un género que pretende la integración perfecta entre texto e imagen. El argumento de la obra se refleja en el título: la excursión para ir a la caza del oso, acción que se asocia a dos subtemas de la obra: la aventura y el contacto con la naturaleza. La presencia de la primera persona del presente del plural con valor de futuro en el título permite asociar desde el principio la trama de la obra a un acontecimiento presentado como un plan que se realiza en común. Este último aspecto es esencial, ya que precisamente la vida en familia es el tema central del libro.

Todo esto se ve confirmado por la imagen que se integra entre los nombres de los autores: un padre, caminando con un niño en la espalda y acompañado por dos de sus hijos saltando en la cubierta, y por otra, la hija y el perro en la contracubierta, en lo que constituye un dibujo continuo, que se reproduce íntegramente en la portada del libro, junto con todos los datos editoriales. La actitud dinámica de los niños en el texto y su expresión de felicidad se integran a la perfección con el clima que se quiere dar a la acción de acontecimiento percibido como excepcional. La presencia de la primera persona del plural, constante en la narración, invita también a que el lector se involucre en la acción. El libro está encuadernado en tapa dura, óptima para la resistir el uso continuo. 

El álbum presenta bastantes temas secundarios: la valentía, la superación de los obstáculos (se cruza una colina, se vadea un río, se atraviesa un lodazales y un bosque, se hace frente a una tormenta y se entra en una cueva). Asociado a este subtema, aparece el de la colaboración: los mayores y más capaces de la familia ayudan a los que tienen problemas para realizar las proezas físicas de esta excursión.. Otro subtema, muy ligado con el principal, es el hogar como refugio frente a los peligros exteriores, recogido en las cuatro últimas páginas con gran maestría: el hecho de cerrar la puerta conjura la posibilidad de que entre nada malo en casa, al igual que el resguardarse toda la familia debajo de un mullido edredón. Finalmente, y no menos importante está el tema de la comprensión de la alteridad o la empatía: la visión del oso que se aleja triste y solitario de la casa bajo la luz fría de la luna a su oscura cueva obliga a pensar sobre qué es lo que de verdad empuja a actuar a los que son distintos a nosotros. 

Las acciones que se suceden en el argumento siguen un ritmo, que se ve crea por varios recursos: el hecho de que texto esté escrito en verso, la forma más musical y rítmica de la literatura, y en la estructura de las ilustraciones: su técnica y composición. En la página impar, se enuncia un estribillo, a modo de canción, que se repetirá a lo largo de lo que constituye la primera parte de la cacería (Hay que señalar el gran acierto que supone la pequeña variación que introduce la escritora en los adjetivos que califican al animal: (Vamos a cazar un oso/un oso grande y peligroso (-en otros casos, peludo y furioso, luego, grande y fastidioso, después, inmenso y horroroso, luego terrible y monstruoso y por fin feo y espantoso) ./¿quién teme al oso?/¡Nadie!/Aquí no hay ningún miedoso);en la parte superior de la par, se alude a las distintas dificultades que van surgiendo (¡Un campo!/Un campo de largos pastos verdes./ Por encima no podemos pasar, por abajo no podemos pasar) y en la parte inferior, dejando un espacio físico para que el lector reflexione sobre cómo superarlas, los protagonistas proponen su propia solución (Ni modo…/lo tendremos que atravesar).



La ilustración es continua a doble página, reforzando la idea de unidad familiar y parece estar realizada con carboncillo y lápiz. A este tipo de doble página, le sigue otra, concebida también como una unidad, pero ahora, en contraste, en acuarela a todo color, con tonalidades adaptadas a las distintas escenas. En ellas que se procede a superar el obstáculo. En todos los casos cobran una gran importancia dos sentidos: la vista y el sonido; limitándose el texto y aumentando el peso de la ilustración. El texto se reduce a una onomatopeya reiterada en tres versos, ya que en la superación del obstáculo siempre se genera un ruido: Suish, suash/suish, suash/suish, suash (en el caso de la pradera) presentada en la página par que conforma un continuum visual con la impar, en la que la ilustración deja una perspectiva visual totalmente abierta.


Tras las secuencias construidas de un modo paralelo en la pradera, el río, el lodazal, el bosque y la tormenta se produce el momento culminante de la tensión narrativa logrado gracias al contraste de la posesión de la información entre protagonistas y lectores: la llegada a la cueva. El niño sabe que en la cueva vive el oso, pero aparentemente los personajes no. El juego con la diferencia de información crea un gran nerviosismo.


Para prolongar el momento de tensión ilustradora y escritor cambian ligeramente la estructura: se suceden dos secuencias de dos páginas en color. La primera comienza con la consabida onomatopeya, que solo se repite en dos veces, debido a que un ruido despierta las sospechas de los personajes. En la siguiente página, uno sólo de los protagonistas, el perro, se enfrenta a la dificultad que resulta ser el oso. Y tras este momento de suspense, comienza la segunda parte de la narración: el relato de la huida de la familia, que pasa a ser objeto de persecución por parte del oso. Para acentuar la sensación de velocidad cambia por completo la estructura de las dos páginas siguientes, tanto en el texto como en la ilustración: los seis obstáculos que antes se habían planteado y superado en veinte páginas, aparecen ahora en sólo dos páginas divididas en tres tiras de ilustraciones en acuarela a todo color por página, en las que con un tamaño mucho menor se resumen visualmente las acciones anteriores, con la diferencia de la presencia del oso. Debajo de cada tira el texto anterior aparece también resumido: exclamaciones para ordenar salir de la cueva, atravesar la tormenta, el bosque, el lodazal, el río y la pradera, seguida cada una de ellas por la onomatopeya que se le asociado en la primera parte, aunque ahora no se enuncia una sola vez para dar sensación de rapidez.

 Esta enumeración visual y verbal en tan solo dos páginas otorga un ritmo trepidante a la trama y se transmite al niño. La tensión se relaja en las dos siguientes páginas: dos ilustraciones en cada una de ellas tras la entrada en la casa, sustitución de la enumeración de exclamaciones imperativas por imperativos, casi total desaparición de las onomatopeyas e incluso un pequeño rasgo de humor y tensión: después de correr y subir a refugiarse a la habitación, la familia se da cuenta de que han dejado la puerta de la casa abierta y tienen que volver a bajar para impedir que entre el oso. En la siguiente página, se produce el primer desenlace: la familia feliz, debajo de un mullido edredón rosa. 




Sin embargo hay otro desenlace sorpresa, que presenta otro punto de vista: el del oso, que deja abierta la puerta de la imaginación del niño a la posibilidad de la existencia de otras formas de ver la realidad. 



La obra se sitúa en un lugar cercano al mar, rodeado de diferentes elementos de la naturaleza que nos pueden remitir al norte de Europa: hay praderas, lodazales, bosques y también tormentas de nieve. El momento en que se desarrolla es el presente del lector, ya que no hay ningún elemento de las ilustraciones que permita ubicarlo en un tiempo especial. Hay que destacar el modo en que los autores han conseguido subrayar la percepción subjetiva del transcurso del tiempo, que se percibe más lento en los momentos de tranquilidad. Nos encontramos, en resumen, ante un libro-álbum, en que texto e imagen se integran a la perfección, con una acción claramente estructurada en tres partes con cuatro ritmos narrativos, un momento álgido y dos desenlaces, uno de ellos alternativo y abierto. 

Escrita en verso, con onomatopeyas, enumeraciones, repeticiones, estribillos, las ilustraciones repiten también rítmicamente su estructura, esta obra está llamada a convertirse en un clásico de la biblioteca. La obra se presta a diferentes lecturas: visual para los más pequeños, personal, compartida con los padres, dramatizada con los supuestos gestos que harían los protagonistas o en cuenta cuentos. Tan solo podemos criticar un aspecto: sería aconsejable mejorar algunas expresiones de la traducción como el uso del infinitivo en lugar del imperativo para ordenar todas las acciones de la retirada, así como sustituir un modismo propio de algunos países del sur de América: ni modo, expresión que no deja de chocar a los lectores españoles. No descontamos ningún punto por esto, al tratarse de una editorial Venezolana.

Michael Rosen (Autor)

martes, 4 de febrero de 2014

Corre, corre, Mary, corre.

Esta es mi primer post en esta leonera. Y quiero estrenarme con el libro con el que comencé a descubrir la literatura infantil y sus valores el año pasado, gracias a una compañera de la biblioteca.
El título del libro es ya ilustrativo: Corre, corre, Mary ,corre  (ed. Lumen)es una orden, que con su repetición nos muestra la impaciencia del corazón del que las pronuncia; el marido de Mary, ante la inminente llegada del invierno, le insta a preparar todo lo necesario para estar listos cuando llegue el frío.
La obra es un álbum ilustrado, en el que destacan unos dibujos llenos de detalles que no dejaran indiferente a nadie: el marido gordo, la mujer delgada y el gato negro omnipresente en casi todas las acuarelas.  Y por su puesto, un desenlace con una pizca de humor que hará reír a pequeños y a mayores y que no pienso revelar.